De Argentina a Alaska en Ford A II

Le seguimos la pista a nuestros amigos Sebastián, Celeste y Camilo que van en una aventura desde Argentina hasta Alaska en un Ford A! aquí su publicación del 7 de marzo:

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Tras los pasos de la familia

Zapp, con un auto del mismo año aunque con el timón a la derecha y con gente creída que somos ellos y que dejamos a unos hijos en el camino continuamos rumbo hacia Centroamérica. Tras un centenar de mails enviados a empresas navieras y administrativos portuarios notamos que cualquier container nos dejaba bien, pues al parecer esta vía de comunicación que las empresas proponían ya estaba bajo agua. Los mails de respuesta no llegaron al 5 por ciento. Para no cambiar el timón de lado, apunté al puerto de Guatemala y una persona respondió. Una vez allá, viajaríamos de reversa, hacia el sur, para conocer países salteados pues cualquier camino tomado será el correcto.

 

 

Sincelejo. En lo de Rodrigo nuevamente lo vivido fue superador. Todos los muchachos que trabajan en la rectificadora junto con las administrativas y mi familia me cantaron el feliz cumple 42 y será algo dificil de olvidar. También a Camilo le había cantado un grupo de desconocidos cuando cumplió años en medio de este viaje. La gente suma energías y con la magia de la vida hasta puede ocupar roles que de otra forma están vedados. Nos despedimos de Rodrigo y de toda la gente linda tras hacer mejoras en el diferencial y la caja. Un día antes de irnos, Rodrigo vio que la cubierta delantera estaba con las telas al descubierto. Hasta que no explotara no la cambiaba, le aclaré, pues conseguir este tipo de neumático no es facil. Nos obsequió entonces, además de todo, un par de cubiertas nuevas que tenía preparadas para su auto. Qué más se puede pedirle a la vida? Nos fuimos del lugar con alegría y tristeza, con otro amigazo más en el bolsillo al cual esperamos volver a ver en algún momento y con el dolor dulce de la despedida.

 

 

Llegamos a Cartagena y como ocurrió seguidamente en los lugares colombianos costó hacer monedas y encontrar lugar para aparcar. Visitamos la ciudad amurallada y nos quedamos allí unas noches. Entre sus callejuelas conocimos a Lucho Colombia, quien nos invitó a cenar unas pizzas en su restaurante igual que como había hecho, 18 años atrás, con los Zapp cuando viajaron hasta Alaska en su Graham Paige 28. Cuando un amigo llamado Jorge Tornadore me regaló el libro “Atrapa tu sueño” hace unos años, descreí la historia por puro prejuicio y no me gustó el nivel o tono literario. Luego, un día, se me ocurrió reintentarlo. Lo leí y me desengañé. La historia valía la pena más allá de todo. Ni hablar del mensaje. Dos simples valientes y enamorados que viajaron hasta el fin del mundo e inspiraron a viajar a miles de locos y soñadores. Salud por ellos! Salud por Hernán, Candelaria y sus hijos!

 

 

 

Conocimos las bóbedas de la ciudad, sus catedrales, las plazas, el estilo coloñal bañado en colores. Pasamos, de escapadita fisgona, por la casa de Márquez, aunque Gabo ya no estaba allí.. Por todos lados, millones de vendedores, mimos, raperos, mangueros, músicos, bailarines intentan hacer unos pesos con invasiva insistencia. En estos pagos, como sabemos, uno no llama a un taxi sino que el taxista te llama. Todos preguntan si quieres eso que ofrecen. Cami, para hacerse de amigos nuevos, eligió a los que tienen superpoderes. Pero luego, tras que perdiera su dientito Nro. 3, una comida mala le pegó duro y lo llevamos al médico. A diferencia de otros lugares por los que anduvimos como Ecuador, incluso Bolivia, aquí el extranjero debe pagar para atenderse en el hospital. Piden un depósito de 300.000 colombianos (USD100 aprox). Creyeron que era apendicitis y nosotros ya pensábamos en hacer una colecta pues una intervención así es muy costosa pero sólo fue una intoxicación. Nos devolvieron la mitad del depósito y luego de unos días, tras instalarse en la Negrita-hotel, volvió a sonreir (afortunados somos, amigos, por estar renegando en las calles, en la oficina, en el trabajo y no en los hospitales).

 

 

Volvimos a la ciudad amurallada. Entre las calles adoquinadas carruajes pasean a los turistas. Los idiomas y los perfumes se confunden entre los pasaportes de bolsillo. Personas de todo el mundo con cámaras deambulan como sonámbulos. También, pasan caminando entre las pinturas plagiadas de Botero desplegadas por doquier, vendiendo las frutas que llevan en sus cabezas sobre una ponchera o cobrando fotos con ellas las negras palenqueras. Sus vestidos de colores son característicos. Muchos ignoran su historia: Provienen de San Basilio de Palenque, una antigua empalizada fundada por negros esclavos que huyeron de la ciudad en el Siglo XVI. Aislados por décadas, producto del temor que les infundían los hombres blancos, San Basilio es el primer pueblo de esclavos que se liberó en toda América, aún antes de que se aboliera la esclavitud. Las murallas de la ciudad, a su vez, se construyeron en esa época para protegerse de invasiones de los piratas ingleses y franceses. No vaya a ser que se robaran el oro que ya les habían robado a los indígenas Zenú u otros. Están a la vista los cañones de defensa y por suerte parece que ya no sirven pues de uno de ellos apuntaba a la Negrita. A la mañana, tras vislumbrar los rayos de sol que se metían por los agujeros, abrí la puerta. Una pareja está parada frente al capot. Con vos nasal, pregunta la dama: -Hola, son los que viajan por el mundo hace 18 años? Le digo que sí, que no haga ruido pues todos duermen. Los trámites y papeleríos nos aguardan con sarcasmo. Estos son momentos difíciles para el viaje pues el embarque es algo complicado y toda escena burocrática provoca alergia. Para la situación no nos esclavice, un día escapamos con la Negrita a Barú y conocimos Playa Blanca. Un lugar caribeño bellísimo! Luego, una vez ya apanados de arena blanca, retornamos a la ciudad y a buscar wifi para ver si hubo respuesta en el mail. Así estamos amigos, con mucha quietud y paciencia, buscando la llavecita que nos abra el portal hacia la otra América.

 



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